Archivos con la etiqueta: ser madre

20 de enero de 2011
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¿Que las madres del colegio te dicen que sus hijos solo ven media hora de tele por la tarde? ¿Que sus hijos piden zanahorias en vez de chuches? ¿Que los viernes le preparan al marido una cena gourmet y velada romántica? ¿Que ser madre es lo que más adoran 24 horas al día, 7 días a la semana? Tranquila, no te compares, dice la BBC: lo más seguro es que te estén mintiendo.

Así lo revela una encuesta a 5.000 madres en Netmums. La mayoría dijeron sentirse tan presionadas que cuentan mentiras piadosas para quedar bien, así encubriendo cuánta tele ven sus hijos, lo que cocinan para sus familias o cuánto “tiempo de calidad” pasan en pareja. Dos tercios de las encuestadas dijeron que habían sido “menos que sinceras” con otras madres sobre cómo estaban sobrellevando su vida. Casi la cuarta parte reconoció tergiversar un poco las figuras sobre la cantidad de televisión que veían sus hijos, y una en cinco se inventaba el tiempo que pasaba jugando con sus hijos.

Según la encuesta, estas madres no se sienten inadecuadas por compararse a celebridades, sino porque se comparan a otras madres, su mayor fuente de presión. Nueve de cada diez madres reconocía compararse a las madres de su entorno.

La página web anima a las madres a ser más sinceras las unas con las otras y a poner fin al subterfugio culpable de madres que se sienten incapaces de conseguir una visión idealizada de la maternidad.

¿Ponemos nuestro granito de sinceridad? Reconozco que ayer por la mañana Pon estuvo enganchado cual yonqui a un DVD durante un tiempo poco saludable; llevo seis días con la casa como una pocilga; la comida que he hecho hoy no la quiero volver a comer ni yo; y una de mis amigas, supermadraza, va a sacar a sus hijos al parque esta tarde y yo…no.

Comparaciones. Tanto con otras madres como con mis propios ideales. Mejor soltarlas. Mejor simplemente hacer mi trabajo lo mejor que puedo y vivir en esa libertad. A menudo nuestras familias nos perdonan más de lo que nos perdonamos nosotras mismas…y más de lo que nos perdonamos las unas a las otras.

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12 de enero de 2011

De embarazada, soñabas despierta con todo lo que harías con tu chiquitín. Con lo que le cantarías y leerías. Con tardes en el parque. Con manualidades en días lluviosos. Con tu caja de juguetes que desempolvarías para que descubriera sus contenidos. Con fiestas de cumpleaños por todo lo alto. En el mundo rosa de tus sueños, disponías de todo el tiempo…los recursos…la paciencia…la creatividad en el mundo.

La vida real con preescolares resulta chocante, sobre todo según se van acumulando responsabilidades, hijos, enfermedades, años, trabajo, necesidades. Y día a día luchas por recuperar tu sueño: ¿cómo encontrar tiempo para lo importante en estos años tan fugaces?

Una historia que me ayuda a recuperar la perspectiva es la de las piedras grandes. Hay distintas versiones, pero este video la ilustra bien.

Si no colocamos nuestras “piedras grandes” – nuestras prioridades – nunca habrá sitio (tiempo) para ellas. Se puede llenar el jarro de cristal no sólo de piedras grandes, sino también de gravilla y después arena. Un alumno que vio esta ilustración en una clase de gestión dijo que significaba que “no importa lo apretada que tengas la agenda, siempre puedes meter más cosas”, pero la realidad es que si la agenda se llena primero de “todo lo demás” (piedras pequeñas, arena y gravilla), no habrá forma de encontrar tiempo para las prioridades (las piedras grandes).

Ahora que hemos vuelto a la rutina, reflexiono sobre las vacaciones de Navidad con los niños, y pienso en lo que quiero traspasar a nuestra vida cotidiana. Como todas las Navidades, se nos ha llenado la agenda de compromisos, momentos de tensión, planes inesperados. Sin embargo, lo que ha marcado la diferencia este año es que tomamos el tiempo para colocar las piedras grandes.

Mis piedras grandes estaban en esa lista que hice con Pin y Pon, y aunque a veces se nos escaparan las circunstancias de las manos, siempre podía volver a la esencia de nuestras Navidades. La lista era larga y loca, pero hemos hecho más de la mitad de las cosas, y eso me alegra. Hemos creado recuerdos juntos, hemos establecido precedentes para tiempos en familia, nos hemos conocido mejor y nos lo hemos pasado muy, muy bien. Este año, quiero seguir poniendo primero las piedras grandes.

¿Qué “piedras grandes” quieres colocar tú?

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21 de julio de 2009

Las madres perfectas existen. Por lo menos perfectas en apariencia. Yo soy una ex madre perfecta.

La clave es que las madres perfectas suelen tener un solo hijo, o por lo menos un solo niño preescolar.

Me acuerdo de mis días como madre perfecta. Cómo observaba a una madre imperfecta que conocía. No me lo podía creer. Esta mujer ya tenía un niño de dos años, y acababa de tener una niña. Ya tenía mucha experiencia. ¿Por qué era tan desastre?

El cochecito y el maxicosi siempre los tenía hechos una pena, llenos de migas, manchas de comida, manchas sospechosas. Los niños siempre los tenía hechos unos especímenes: los mocos goteando, el pelo sin peinar, ojeras, más manchas sospechosas en la ropa. Y eso solo era la apariencia; luego estaba el comportamiento hiperactivo y quejica.

En cuanto a la madre en sí, podía entender que siempre se viera cansada (yo también lo estaba, aunque fuera perfecta), pero ¿que estuviera desaliñada? ¿Y también con manchas sospechosas?

Ay, si esta mujer tan solo leyese los libros que yo tenía entre manos, su vida sería un poco más perfecta, como la mía. Ojo, que no es que fuera gratis la perfección. Me estaba desviviendo por ella. Pero por lo menos estaba criando bien a mi recién nacida, y me aseguraría de no parecerme a aquella pobre mujer cuando tuviera otro hijo.

Desde el día en que nació Pon, el segundo, soy una ex madre perfecta. Si tú me ves, madre perfecta, no entenderás el por qué de tanta imperfección. Te voy a revelar el secreto: Cada niño que nace requiere dos buenos brazos para cuidarle a la perfección. Cuando nace el segundo, te quedas con los dos brazos originales, aunque te harían falta cuatro. Llana y sencillamente, dejas de ser una madre perfecta porque no eres un pulpo.

Así que la próxima vez que me veas con el cochecito sucio, los niños despeinados y llorando, la mancha en la blusa, o cualquier otro punto digno de crítica, solo consuélame: “Tranquila, mujer: mejor así que pulpo”.

Dibujo: Ruth Botzenhardt

 

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