Archivos con la etiqueta: recreación personal

29 de abril de 2013

Nina Levy es una madre entre otras que cada noche les prepara la merienda del día siguiente a sus hijos de cinco y nueve años. Con una pequeña diferencia, ya que es artista. Después se queda una hora o dos adicionales dibujando en la servilleta que también incluye con el menú.

Durante más de cinco años y medio, sus hijos han abierto sus meriendas en el colegio y se han encontrado con un mensaje de su madre combinado con perros superhéroes, Angry Birds, el Caballero Oscuro con un osito de peluche, zombis amistosos o Yoda, según la inspiración del momento. En un artículo que apareció en el New York Times, Levy calcula que a estas alturas son más de unas 2.000 servilletas.

Podéis ver las servilletas de Levy, escultora en Nueva York, en su blog.

Ahora confesadlo, ¿a que más de uno habéis dibujado en la servilleta de la merienda?

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12 de marzo de 2013

Es herencia de mis antepasados, un sello que se ha ido imprimiendo de generación en generación y que reza así: No se disfruta de nada hasta que no se trabaje primero y se trabaje bien y hasta el último detalle. No se juega a la pelota hasta que se terminen los deberes. No se echa la siesta hasta que se frieguen los platos. No se ve la tele hasta que se pase la aspiradora. Amén y amén.

Muy bien. Me ha servido. Con una filosofía similar, he conseguido unas cuantas cosas en la vida. De madre primeriza, intenté aplicarla lo mejor que pude. Con otro niño, más o menos también, aunque la interpretación de dicha regla era cada vez más amplia. Con tres…tal vez las aguas del tiempo suavicen ese sello indeleble. Tal vez esté desaprendiendo y reaprendiendo.

Porque el tiovivo de la semana gira y gira.

Y si yo trabajo primero y disfruto después, no me enteraré ni de que había terrones de azúcar en la vida.

Con el agotamiento a cuestas, empiezo a entender que mi renovación es vital e incluso anterior al trabajo puro y duro de cada día. Que mi amor se resquebraja, mi salud mental tambalea, mis fuerzas se abaten cuando no me estoy recreando.

Pero cuando digo recreación, tampoco hablo de ocio, diversión, tiempo libre, ni siquiera descanso.

Por ejemplo, veamos una opción fácil: ver una película o una serie por la noche con mi marido. Apetece. Solo hay que usar un mando a distancia. Recibir con el cerebro hecho papilla y el cuerpo rendido. Me encanta una buena película, pero ¿es lo que más me satisface?

Otra opción fácil, esta tal vez durante el día. Ver qué está haciendo la gente en Facebook. “Conectar”. O no. Cotillear. ¿Me llena?

Otra opción más elaborada: quedar con amigas. (Y las amigas que me lean, que por favor no lo interpreten mal, pues ya he escrito en el pasado sobre cómo disfruto con ellas y me recuerdan que soy humana.) Pero como introvertida moderada en un ambiente tan social, ¿será lo que habitualmente me recargue las pilas?

Muchas revistas te animan a “cuidarte” = comprarte una faldita, pedir un peinado nuevo en la pelu o ir a hacerte la manicura. Pero ¿qué pasa cuando todas estas actividades femeninas, por mucho que te agrade el resultado final…te parecen más bien un mal necesario?

¿Qué es lo que te revitaliza?

Quiero darte una pista: en muchos casos lo que renueva es la reCREACIÓN. CREAR. No simplemente recibir las creaciones de los demás: recibir la película, recibir las conversaciones de los demás o recibir el peinado nuevo.

¿Qué te gusta crear y qué te reCREA a ti? ¿Qué te vuelve a anclar, devuelve el brillo a tus ojos, llena tu pecho de satisfacción, te bien-dice y por ende a los que te rodean?

Te animo a que hagas una lista de qué es lo que te renueva.

No te voy a decir cuántas veces a la semana debes recrearte, ni que debes tener un hobby. Solo te voy a animar a que saques un papel y hagas una lista de qué harías para renovarte si tuvieras el tiempo libre que no tienes. Después, tacha cualquier cosa que realmente no te llene o te emocione. Y finalmente, cuando puedas, empieza a apartar unos minutos de recreación auténtica y avivamiento en tu vida.

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16 de marzo de 2011

¿Cómo conciliar el sueño de tu vida con tu papel como madre? ¿Y si el sueño, aparte de ser madre, es…escribir?

El verano pasado leí Writing Motherhood (Escribiendo la maternidad: el proceso de acceder a tu creatividad como madre y escritora) de Lisa Garrigues. Relata su experiencia en lanzarse a escribir su vida en cuadernos, simplemente porque sí, para así conciliar su sueño de escribir con su papel como madre. Así empezó el ritual de escribir quince minutos al día en lo que denominaba su “cuaderno de madre”, no sólo para crear una tesorería de recuerdos, dice, sino también para mantener la cordura. Más adelante, daría clases a madres sobre cómo usar la escritura como herramienta para registrar su vida y entender sus experiencias.

Lo que me llamó la atención del libro es que va más allá de escribir el diario del bebé, que por imprescindible que sea, no deja de ser la vida de tu bebé y no tanto la tuya. Garrigues invita a las mujeres a explorar todas las facetas de su maternidad, incluido su pasado y su propia relación con sus padres.

En su libro Garrigues ofrece un abecedario repleto de consejos a madres que siempre han querido escribir; aquí tenéis seis de los primeros:

1. Deja que los instantes de la maternidad te despierten. Tanto los extremos como las rutinas – los altos, los bajos, los altibajos – contienen gran riqueza que redactar. No te preocupes en escribirlo todo y ni siquiera en apuntarlo todo bien. Simplemente intenta expresar algún principio sobre lo que significa criar tus hijos cualquier día del año, en cualquier momento.

2. Sé una madre que escribe. Las madres no nos levantamos a diario para preguntarnos si debemos darles el desayuno a nuestros hijos. Los escritores tampoco esperan inspiración o el deseo de empezar a redactar. Cuando es hora de escribir, escribe. Cuanto más lo hagas, más fácil será. Idealmente, esto es algo que haces todos los días para ti.

3. Elige tus herramientas. Sólo necesitas un cuaderno y un bolígrafo. Más adelante puede que elijas copiar páginas selectas a un ordenador, pero el cuaderno es más portátil y más personal. Llévate el cuaderno y el bolígrafo a todas partes. Nunca sabes cuándo dispondrás de quince minutos para escribir.

4. Empieza con menos para ir acostumbrándote. La regularidad con la que escribes es mucho más importante que la cantidad o el tiempo que escribes. Empieza con algo corto – dos páginas (unos quince minutos) al día. En tan sólo dos páginas de cuaderno, puedes capturar fácilmente un instante de tu maternidad.

5. Olvídate de las reglas. Las reglas nos limitan a pensar en lo que redactamos como correcto o incorrecto, bueno o malo. Cuando escribas, olvídate de puntuación, gramática, ortografía, precisión, lógica. La limpieza la puedes hacer más adelante. Por ahora, dedícate tan sólo a escribir.

6. Genera una lista de consignas para redactar. Las consignas te ayudan a empezar a escribir. Pueden ser muy variadas: un directivo (“escribe sobre la hora de irse a la cama”), una frase (“el día que naciste”), una palabra (“herencia”). Empieza una lista de consignas en la parte posterior de tu cuaderno. Así, cada vez que te sientes a escribir, sólo tienes que escoger una consigna y empezar.

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11 de febrero de 2011

El día de los enamorados o el día de San Valentín sigue siendo más importante en otros países que en España; según una encuesta de IMMarket, el año pasado sólo lo celebraron un 42% de los españoles. No obstante, este año quiero recalcar el lunes 14, día del amor, para las parejas que criamos hijos en etapa preescolar. Da igual que sea un día comercial, da igual que sea un día para tortolitos que se acaban de conocer…es un día para aprovechar sobre todo en esta etapa de supervivencia.

Ya empiezo a perder la cuenta de las madres con las que hablo que no se acuerdan de la última vez que salieron a solas con su marido, que ya no ven razón alguna para ponerse un conjunto de lencería, o que se quejan de que se ha esfumado “la chispa”. Aún teniendo en cuenta que es un juego de dos, que puede haber mil y una razones de por medio, siempre les digo lo mismo: intenta empezar con algo pequeño – sacar la lencería del cajón olvidado, compartir un café, mandar un e-mail de aprobación y cariño. Si hay alguna época en la que hay que esforzarse por devolver la chispa al matrimonio, es ésta, cuando nuestros niños son pequeños. Hay demasiado para minar la relación: poco tiempo para dedicarnos, interrupciones, cansancio físico, estrés económico, por mencionar los más comunes. Si seguimos aplazando el amor para el futuro, cuando llegue el futuro, nos encontraremos con un vacío donde tendría que haber un fundamento sólido.

Por ello, este día de los enamorados, aunque pienses que él se vaya olvidar, aunque nunca lo hayas celebrado, aunque tengas miedo de hacer el ridículo, aprovéchate de la ocasión y haz un pequeño gesto – o un gran gesto – para devolver la chispa, la diversión, la profundidad a tu relación.

Ideas hay muchas, así que aquí sólo te dejo una muy sencilla que no cuesta dinero, pero que promete: una libreta de vales hecha por ti misma. La clave es pensar en él como hombre y en lo que más le hace feliz e incluir una gran diversidad de vales que pueda ir canjeando a lo largo del mes o del año – desde desayunos en la cama con espacio para rellenar sus platos favoritos, a encuentros íntimos originales, a masajes de distintos tipos, a noches en las que sacas tú la basura para variar… Piensa en él y en lo que le traería una gran sonrisa a la cara.

El lunes ya está a la vuelta de la esquina…

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