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29 de abril de 2013

Nina Levy es una madre entre otras que cada noche les prepara la merienda del día siguiente a sus hijos de cinco y nueve años. Con una pequeña diferencia, ya que es artista. Después se queda una hora o dos adicionales dibujando en la servilleta que también incluye con el menú.

Durante más de cinco años y medio, sus hijos han abierto sus meriendas en el colegio y se han encontrado con un mensaje de su madre combinado con perros superhéroes, Angry Birds, el Caballero Oscuro con un osito de peluche, zombis amistosos o Yoda, según la inspiración del momento. En un artículo que apareció en el New York Times, Levy calcula que a estas alturas son más de unas 2.000 servilletas.

Podéis ver las servilletas de Levy, escultora en Nueva York, en su blog.

Ahora confesadlo, ¿a que más de uno habéis dibujado en la servilleta de la merienda?

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12 de septiembre de 2011

Este verano leía la noticia de un restaurante en EEUU que prohibía la entrada a niños menores de seis años porque sus clientes estaban hartos de familias con niños maleducados y ruidosos. ¿Es discriminatorio o es inteligente?, preguntaba el artículo. Continúan después del artículo nada menos que veinte mil comentarios al respecto.

Unas semanas después salió una noticia de seguimiento, que el “movimiento” anti-niños en restaurantes se estaba propagando, y no sólo en restaurantes sino también en hoteles, cines y hasta supermercados. Preguntaba la autora: “…la gente ya no simpatiza tanto con los niños como antes. A medida que empresas responden a esta nueva generación de clientela de ‘primera clase’, ¿están en peligro de convertirse en ciudadanos de segunda los padres?”

No es ningún misterio: yo ya me siento como ciudadana de segunda, y más con dos preescolares y la tercera hecha un bombo enorme. Aunque España es mucho más tolerante en cuanto a la bulla en general, soy ciudadana de segunda por tener “demasiados” hijos o por no conseguir mantener una imagen más cuidada en muchas ocasiones (tanto la mía como la de mis hijos). Pero mientras se quede en miradas o incluso comentarios, no pasa nada…si se pasara al tema de restaurantes y otros lugares públicos, me pongo de rodillas para suplicar clemencia.

No es que tenga mucha oportunidad de gastar en estos temas, pero una visita mensual al MacDonalds es suficiente como para hacer circular una petición de misericordia y que me admitan a restaurantes normales. Gente privilegiada, ¿sabéis a cuántos decibelios se llegan en un parque infantil de estos establecimientos? ¿Sabéis el efecto que tendríais en nuestra salud si nos relegarais a restaurantes sólo aptos para preescolares? ¿Entendéis algo del “efecto manada”…que si nos limitáis a las familias normales, y siempre tenemos que comer donde sólo hay otros niños, en horarios infantiles, acaban imitando a los peores…en vez de estar expuestos a gente y edades de todo tipo, de comportamiento educado, digno a imitar? Y más que nada, ¿os dais cuenta de que si algunos de nosotros tenemos más de dos hijos, si sumamos cuántos años estaríamos desterrados a esta posición inferior, algunos llegamos a ONCE años de nuestra vida criando hijos por debajo de los seis años?

Bromas aparte, a España no creo que llegue “el movimiento” pero sí que quiero proponer que esta noticia nos haga meditar. Ya sé que hay gente de cierto tipo por el mundo, superexigente, que no tolera que los niños sean niños o que tengamos un mal día con nuestros críos. Pero también entiendo la reacción de una persona promedio que come en un restaurante y, sin esperar que nuestros hijos sean angelitos, tampoco desea salir del establecimiento medio sordo y con un guisante incrustado en el ojo por la mala educación de nuestros mocosos. Y es que en general, cada vez más, se educa a los niños como si fueran pequeños déspotas que pueden hacer lo que les dé la gana en cada momento. Para no causarles traumas. Para que desarrollen su individualidad. O lo que sea. Y acaban por el mundo causando traumas a los demás e incluso a sus propios padres.

Creo que esta noticia puede ser un toque de atención para que también enseñemos principios de amor, respeto y convivencia a nuestros hijos, y que, efectivamente, en algunos sitios no se puede dar rienda suelta a toda su efusividad o ruido, mientras que en otros sí. Todos pensamos que nuestros hijos son inteligentes; si no tienen una discapacidad en este sentido, os aseguro quepueden aprender la diferencia de cómo comportarse en cada lugar. Si acabamos como ciudadanos de segunda clase, admitidos o rechazados según la edad de nuestros hijos – por injusto que parezca –, puede que nosotros mismos como padres nos lo hayamos buscado.

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20 de enero de 2011

¿Que las madres del colegio te dicen que sus hijos solo ven media hora de tele por la tarde? ¿Que sus hijos piden zanahorias en vez de chuches? ¿Que los viernes le preparan al marido una cena gourmet y velada romántica? ¿Que ser madre es lo que más adoran 24 horas al día, 7 días a la semana? Tranquila, no te compares, dice la BBC: lo más seguro es que te estén mintiendo.

Así lo revela una encuesta a 5.000 madres en Netmums. La mayoría dijeron sentirse tan presionadas que cuentan mentiras piadosas para quedar bien, así encubriendo cuánta tele ven sus hijos, lo que cocinan para sus familias o cuánto “tiempo de calidad” pasan en pareja. Dos tercios de las encuestadas dijeron que habían sido “menos que sinceras” con otras madres sobre cómo estaban sobrellevando su vida. Casi la cuarta parte reconoció tergiversar un poco las figuras sobre la cantidad de televisión que veían sus hijos, y una en cinco se inventaba el tiempo que pasaba jugando con sus hijos.

Según la encuesta, estas madres no se sienten inadecuadas por compararse a celebridades, sino porque se comparan a otras madres, su mayor fuente de presión. Nueve de cada diez madres reconocía compararse a las madres de su entorno.

La página web anima a las madres a ser más sinceras las unas con las otras y a poner fin al subterfugio culpable de madres que se sienten incapaces de conseguir una visión idealizada de la maternidad.

¿Ponemos nuestro granito de sinceridad? Reconozco que ayer por la mañana Pon estuvo enganchado cual yonqui a un DVD durante un tiempo poco saludable; llevo seis días con la casa como una pocilga; la comida que he hecho hoy no la quiero volver a comer ni yo; y una de mis amigas, supermadraza, va a sacar a sus hijos al parque esta tarde y yo…no.

Comparaciones. Tanto con otras madres como con mis propios ideales. Mejor soltarlas. Mejor simplemente hacer mi trabajo lo mejor que puedo y vivir en esa libertad. A menudo nuestras familias nos perdonan más de lo que nos perdonamos nosotras mismas…y más de lo que nos perdonamos las unas a las otras.

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