Archivos con la etiqueta: matrimonio

04 de febrero de 2012

Sin duda, uno de los mayores talentos de madres con niños pequeños, preescolares o no, consiste en conseguir horas de sueño en circunstancias adversas. Sí, correcto, léase “horas de sueño” y no noches, la utopía.

Los obstáculos para que consiga horas de dicha sin par son múltiples. Está el niño que se mea en la cama. O que mea en el baño pero primero tiene que decírtelo. O que se quita toda la ropa menos los calzoncillos y viene congelado de madrugada para entrar en calor en tu cama.

Está la niña que tiene pesadillas. Que también te avisa cuando utiliza el baño (o que no te avisa, pero la oyes igualmente). Que te despierta para pedirte cacao para los labios o una manzana porque tiene hambre (¡¿?!). O para avisarte que el hermano está durmiendo debajo de la cama.

Está la bebé que cena su leche a lo largo de la noche. O que suspira. O que necesita una caricia. (La madre le atiende en estado puro de sopor; habiendo probado diversos métodos, al final hace lo que diga la reina.)

Están los vecinos. Cuando hace buen tiempo, están los colegas del bar que amenizan la noche. En invierno, está el vecino que le da por toser. O la de arriba que se pasea en tacones a las dos de la madrugada.

Está la madre en sí con sus propios temas, que también tiene que toser, hacer pis, sonarse los mocos, beber agua, sacar otra manta porque tiene frío, dar un antibiótico de madrugada o mirar el reloj otra vez porque teme que se le haya olvidado poner el despertador.

Pero no está sola, no, o al menos no suele estarlo. Está el marido, también con sus temas: sus ronquidos, algún comentario suelto mientras duerme, la pelea por el edredón, o la noche que se acuesta él más tarde, despertándola al acostarse. Pero sobre todo, está el marido y está… el codo.

Yo puedo sobrevivir que Pon se mee en la cama, que Pun necesite pecho tres veces por noche, sacarle alguna medicina a Pin de madrugada, decirle a mi marido ocho veces que se dé la vuelta y deje de roncar.

Pero lo del codo puede conmigo.

No entiendo de dónde viene el reflejo que tiene mi marido mientras duerme. Le da por abrir y doblar el brazo como si estuviera en una playa a punto de tomar el sol tumbado boca arriba. Sostiene ese codo perpendicular a la cama, desafiando la gravedad, señalando hacia el cielo, y cuando ya no puede más, deja que se desplome en mi cara, en plena órbita o en mi sien.

Menos mal que yo también he desarrollado un reflejo karateka que lo prevé y lo desvía. A estas alturas soy mínimo cinturón negro. Pero nerviosa me deja.

Alguna noche he llegado a rescatar mi propia vida cuatro o cinco veces y hasta le he despertado a To para decirle que su codo intenta asesinarme.

Las noches en las que el codo se comporta, me puede dar igual que me despierten otras sendas causas porque al menos no he recibido un martillazo en el cráneo.

Así que si tenéis todo lo demás, pero no hay codo asesino en vuestra vida, dad las gracias por esas noches de calma relativa.

Y To, yo te quiero con el codo y tó, pero si alguna lectora me da una solución, bien que tu codo se puede  ir preparando…

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11 de febrero de 2011

El día de los enamorados o el día de San Valentín sigue siendo más importante en otros países que en España; según una encuesta de IMMarket, el año pasado sólo lo celebraron un 42% de los españoles. No obstante, este año quiero recalcar el lunes 14, día del amor, para las parejas que criamos hijos en etapa preescolar. Da igual que sea un día comercial, da igual que sea un día para tortolitos que se acaban de conocer…es un día para aprovechar sobre todo en esta etapa de supervivencia.

Ya empiezo a perder la cuenta de las madres con las que hablo que no se acuerdan de la última vez que salieron a solas con su marido, que ya no ven razón alguna para ponerse un conjunto de lencería, o que se quejan de que se ha esfumado “la chispa”. Aún teniendo en cuenta que es un juego de dos, que puede haber mil y una razones de por medio, siempre les digo lo mismo: intenta empezar con algo pequeño – sacar la lencería del cajón olvidado, compartir un café, mandar un e-mail de aprobación y cariño. Si hay alguna época en la que hay que esforzarse por devolver la chispa al matrimonio, es ésta, cuando nuestros niños son pequeños. Hay demasiado para minar la relación: poco tiempo para dedicarnos, interrupciones, cansancio físico, estrés económico, por mencionar los más comunes. Si seguimos aplazando el amor para el futuro, cuando llegue el futuro, nos encontraremos con un vacío donde tendría que haber un fundamento sólido.

Por ello, este día de los enamorados, aunque pienses que él se vaya olvidar, aunque nunca lo hayas celebrado, aunque tengas miedo de hacer el ridículo, aprovéchate de la ocasión y haz un pequeño gesto – o un gran gesto – para devolver la chispa, la diversión, la profundidad a tu relación.

Ideas hay muchas, así que aquí sólo te dejo una muy sencilla que no cuesta dinero, pero que promete: una libreta de vales hecha por ti misma. La clave es pensar en él como hombre y en lo que más le hace feliz e incluir una gran diversidad de vales que pueda ir canjeando a lo largo del mes o del año – desde desayunos en la cama con espacio para rellenar sus platos favoritos, a encuentros íntimos originales, a masajes de distintos tipos, a noches en las que sacas tú la basura para variar… Piensa en él y en lo que le traería una gran sonrisa a la cara.

El lunes ya está a la vuelta de la esquina…

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01 de febrero de 2011

Hoy sueño con el Caribe.

Hoy, que cuando he salido a tender la ropa en la terraza, se me han quedado los dedos sin sentido.

Hoy, que para estar escribiendo aquí en mi ordenador tengo que tener una estufa encendida a un palmo de los pies para seguir con vida.

Hoy, que he hecho otro caldo de pollo para los miembros enfermos de mi familia – es decir, todos (menos Superviviente, por algo se llama así).

Hoy, que To sale a trabajar tosiendo con la bufanda atada al cuello y vuelve tosiendo y se acuesta con la bufanda atada al cuello.

Hoy, que tengo que tener una hoja de cálculo en la nevera para llevar la cuenta de las medicinas que nos estamos tomando cada uno.

Hoy, que ni uno podemos pronunciar una frase completa sin bautizar al que tenemos delante con un estornudo, sonarnos la nariz estrepitosamente o encandilar a los demás con nuestros gorjeos.

Hoy, que llevamos más de dos semanas así de moribundos.

Hoy he buscado las Bahamas en Internet y rondan entre 24 y 30 grados a pleno sol. Se me quitarían todos los males del cuerpo. No tendría que tender ropa porque sólo iría en bañador. Me olvidaría de ordenadores y estufas. En vez de caldo de pollo, me inflaría a marisco y bebidas tropicales. To se pasearía con la toalla al cuello en vez de la bufanda, y nuestro amor sería toda la medicina que necesitáramos. ¿Demasiado cursi? Espérate, que tengo una mejor: no se nos interrumpiría ninguna frase porque con darnos la mano sería suficiente. (¡Jajajaaaa!) ¿Los niños? ¡Ah, sí! Ahí a lo lejos disfrutando con su cubo y sus palas.

Hoy he buscado las Bahamas en Internet y he visto que para salir mañana, tendríamos que pagar 1.200€ por adulto.

Pero eso no me preocupa, porque ya se ha encargado Don José Mota-Rubalcaba en dejarlo todo claro: “Dinero lo que se dice dinero, tié que haber. En las rendijas que dejan los cojines en los sofás”.

Así que ya que se anima al ciudadano a la hurgatoria, voy a intentar hurgar en algo que no sea mi nariz, a ver si hay suerte para el Caribe.
Especial Nochevieja de José Mota 2010 – Algo \’tié\’ que haber


 

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