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12 de enero de 2012

Cuarto-séptimo consejos, 2012

4. Involucrar a los hermanos. Tú no eres la única solución a los problemas de tus hijos: ¡también lo son sus hermanos! Con este planteamiento, ya no tienes que ser omnipresente. Enséñales a ayudarse, tanto el mayor al menor como el menor al mayor: que se ayuden entre ellos a abrocharse y desabrocharse el babi, ponerse los zapatos, colocarse el gorro, peinarse, echarse la pasta de dientes… A esta edad, lo encuentran divertido. Esto lo aprendí el año pasado durante el embarazo con Pun, cuando no podía ser “todo para todos”, una lección muy útil y necesaria.

5. Preparar todo lo posible por la noche. Esto ya lo sabéis muchos y lo practicáis, estoy segura, y yo me lo sé de memoria porque mi madre me lo ha dicho toda la vida. Pero he tardado hasta ahora en realmente ponerlo en práctica. Ahora por fin preparo la ropa, las mochilas, todo lo que puedo, la noche antes para que me vaya mejor por la mañana.

6. Preparar conjuntos de ropa completos para utilizar en cualquier momento. Ahora tengo un organizador colgado en el armario en el que coloco conjuntos de ropa para Pin y Pon que lo incluyan todo, hasta la ropa interior. Cuando estoy guardando la ropa que he lavado, aprovecho y preparo conjuntos nuevos para insertar en el organizador. Así siempre hay por lo menos dos conjuntos para cada uno en cualquier momento dado, y si yo estoy ocupada con la bebé, mi marido puede vestir a los mayores rápidamente sin tener que pensar.

7. Recoger contando. En el pasado os he hablado de recoger bailando, que funciona muy bien. Otra manera de recoger, sobre todo cuando están cansados del colegio, es decirles un número determinado de objetos que tienen que recoger – o que elijan ellos el número. Os diré un secreto: aunque digan de recoger siete cosas, seguirán recogiendo más allá del número porque les encanta hacer una demostración de cuánto saben contar.

Espero que estas cuatro ideas os hagan la vida más fácil en el 2012. Mañana más, que os dije que eran diez en total.

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11 de enero de 2012

Tercer consejo, 2012 (os recuerdo que os estoy dando ideas para este año en base a mis experiencias del año pasado):

3. Intentar recoger nuestro dormitorio antes que el resto de la casa.

Creo que como la mayoría de los dormitorios de padres con preescolares, nuestro dormitorio es un vertedero. Los cochecitos, botones, pañales, pinturas, gomas de pelo, Playmobiles, medicinas, camisetas, dibujos, recibos, pañuelos y cuentos se apoderan de la cama y de las mesitas de noche. La ropa se multiplica alegremente por doquier: la que hay que tender, la que se ha tendido ya, la que hay que doblar, la que hay que planchar, la que hay que regalar, la que hay que arreglar, la que hay que guardar, la que hay que matar… Pero si sólo fuera ropa… También se trata de papeles, porque es donde tengo mi pseudo-despacho. Si la ropa se multiplica alegremente, lo de los papeles es una invasión exponencial. Por si no fuera suficiente ya, nuestro dormitorio es el sitio más indicado para el método Vamos a la cama que ya os expliqué en su momento.

El dormitorio despejado de alguna persona inteligente con vistas a la playa igualitas, igualitas a las mías (por supuesto, ¿qué os pensáis, que vivo en un barrio normal?)

Como se puede cerrar la puerta del vertedero, es fácil dejar su limpieza para lo último, ya que tendemos a centrarnos más en la cocina, en el salón, o en los desastres que arman los niños en su dormitorio o en el baño.

Pero lo que pasaba el año pasado es que llegaba el final del día y, como las personas normales que hay en el mundo, quería descansar. Y el alpinismo no se me daba bien. Es decir, que no me iba aquello de encaramarme con un saco de dormir en una montaña de _________ (rellénese el espacio, lo que encontrara en mi cama y sus inmediaciones).

Nuestro dormitorio me invitaba a la histeria, desesperación, hiperventilación: todo menos el recogimiento y el descanso.

Así que, aunque siga siendo una asignatura pendiente, ahora intento que nuestro dormitorio sea uno de los primeros sitios en despejar.

Ahora sólo me queda solucionar el hecho de que el vertedero se haya apoderado del otro 80% de mi casa.

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10 de enero de 2012

Después de darte cuenta de que está prohibido sentarse, empiezas a delirar y a enloquecer aún más: te empiezan a obsesionar los minutos. Escuchad mi segundo consejo, 2012 (basado en la experiencia del año pasado):

2. Aprovechar los ratos de cinco minutos.

Suena un poco maniático, pero se puede hacer mucho en cinco minutos. En una familia con preescolares, los cinco minutos cuentan para todo: para recoger el salón o una habitación, para recoger la mesa, para doblar la ropa. Cuando se trata de cinco minutos con cuatro personas empleadas a fondo, ni os cuento. Colaboración al máximo en cinco minutos de reloj. Los resultados nunca dejan de sorprenderme.

Con los espacios de cinco minutos, en particular, se pueden vencer las áreas que no nos gustan. Las que evitamos. Las que incluso odiamos.

Bueno, ejem, esta nevera la he encontrado en Google. Creo que esta familia se merece lo del patrimonio de la humanidad.

Por ejemplo, qué queréis que os diga: odio limpiar la nevera. No me refiero a limpiarla en sí, sino a mantenerla ordenadada, cada balda con su comida correspondiente, sin alienígenas asomando de los botes de tomate frito medio usados ni un jardín creciendo donde antes estaban las zanahorias. Mi nevera podría ser patrimonio de la humanidad, con lo turístico que es: contiene monumentos, especies en peligro de extinción, parques naturales… Por desgracia, la gente prefiere otro tipo de turismo, así que me tengo que dedicar a mantenerla utilizable para la familia.  Si lo pienso, nunca paso el rastrillo por la nevera, porque mi subconsciente (la no-Supernanny) me dice que va a ser un trabajo enorme. Pero si dedico cinco minutos a la tarea, consigo devolver tres baldas a un nivel de limpieza humana…y si he podido con tres en cinco minutos, termino el resto del patrimonio sin problema porque ya estoy animada.

No sé si lo tuyo serán las neveras. A lo mejor son los cristales, las pelotas de pelusa debajo de la cama o el entrecejo de tu pareja. Sea lo que sea, piénsalo la próxima vez que te sientas culpable por una tarea que aborreces: sólo cinco minutos. Cinco minutos de nada, y una mejor vida en el 2012.

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