Archivos con la etiqueta: hábitos

24 de abril de 2013

Atarse los cordones, hacer pipí en un orinal, utilizar un cuchillo para cortar la carne, poner coladas, vaciar el lavavajillas, reservarnos un hotel de escapada: son decenas de hábitos que vamos practicando con nuestros preescolares para que se valgan por sí mismos. Luego hay otra serie de hábitos que damos por sentado que irán brotando de sus corazoncitos y no nos molestamos tanto en ensayar. Las gracias y por favor, hasta ahí solemos llegar. Pedir perdón o perdonar ya es más raro. Quizá pensemos que practicar el trato con los demás es encorsetarles o criar pequeños hipócritas. Personalmente me preocupa más que Pon aprenda a respetar a sus hermanas que a resistir la espeleología de su nariz, por mucho que domine este último deporte.

Está claro que sí que tengo amigos que son padres perfectos y lo engloban todo, como os he dicho en otras ocasiones. Mis hijos tienen unos compis que cuando nos despiden en la puerta de su casa, poco les falta por sacarnos la alfombra roja: —Gracias por venir a mi casa. Nos lo hemos pasado muy bien. A ver cuándo volvéis.

La primera vez que les escuché me sobresalté y miré en los rincones del recibidor para ver si había alguna grabadora y hacían playback pero realmente se trataba de sus propias vocecitas repletas de cortesía.

Yo me rompí la cabeza de vuelta a casa pensando en por qué mis hijos maravillosos no hacían lo mismo por pura imitación, pues nosotros somos padres que nos hacemos los majos e intentamos despedir así a la gente que pasa por nuestra casa. La osmosis tendría que ser suficiente, ¿no?

Un buen día vi a la sabia Mujer Maravilla practicando unas frases con sus hijos con total antinaturalidad. Es verdad que ya in situ el pequeño las repitió como un loro pero la mayor las dijo con sinceridad. Los modales también se ensayan. Si bien puede existir algo de hipocresía en algún momento (y cuántos adultos farfullamos los “buenos” días), prefiero que mis hijos se entrenen en respetar y querer a los demás de manera tangible.

Últimamente al manifestarse más la personalidad de cada hijo leo más sobre tipos psicológicos. Algo que leo repetidamente es que si los introvertidos queremos avanzar en terrenos sociales (habitualmente dominados por extrovertidos), necesitamos practicar hasta que nos sintamos cómodos.

Llevándolo al terreno de los hijos, les hacemos un favor, sobre todo a los introvertidos, cuando les preparamos para situaciones concretas que tengan que ver con modales, trato social, conversación…

—Vamos a una boda. En la boda, todo el mundo tiene mucho interés en ver a los novios casándose, así que vamos a estar callados y ver lo que hacen. También podéis pintar, podéis llevar un libro, pero vamos a estar allí un rato en la iglesia en silencio. Luego gritaremos: “¡Viva los novios!” ¡A ver cómo lo hacéis!

O, unos días antes de que venga un invitado especial que no conocen: —Va a venir el Sr. XXX. Es de otro país: podemos preguntarle por su país, podemos hablarle del nuestro. ¿Podéis hacer algún dibujo de nuestra ciudad para que se lleve un recuerdo? En su país se saluda así, con la mano. Mirad qué divertido: vamos a ver cómo lo hacemos nosotros,” etc.

Cuando llega esa situación, la disfrutan porque ya no se sienten extraños, saben cómo comportarse, y se ha borrado parte de su timidez. Al final aprender ciertas reglas de comportamiento no es cuestión de limitarles, sino de darles esa libertad para que vean cómo pueden disfrutar con otros, ya sean de su edad o mayores.

¿Qué modales habéis practicado o practicaríais con vuestros preescolares?

  2
08 de marzo de 2011

Conseguir que la gente tire más basura a la papelera.
Que elija subir escaleras a pie en vez de subir por las escaleras mecánicas.
Que cumpla con los límites de velocidad.
Que recicle botellas de vidrio.

Son algunos de los logros de thefuntheory.com, una iniciativa de Volkswagen desde 2009. Su “teoría de la diversión” consiste en hacer algo sencillo y divertido para mejorar el comportamiento humano.

Aquí tenéis un botón de muestra: Piano stairs – TheFunTheory.com – Rolighetsteorin.se

No lo consiguieron ni con dinero, ni educación, ni repetición, ni promesas…lo consiguieron con diversión.

Si la diversión convence a un adulto, ¿cuánto más a un preescolar?

Hazlo divertido.

Hace unos meses me pregunté por qué nuestras comidas eran rutinarias, aburridas y hasta estresantes. Y por qué cocinar me parecía un suplicio. Me empecé a dar cuenta de que si queríamos mejorar la hora de la comida, tenía que cambiar el decorado, el ambiente y hasta la ubicación de la comida.

Por urgencia más que por comodidad, estábamos comiendo siempre espachurrados alrededor de una mesa pequeña en una cocina mediana, rodeados de los azulejos anticuados de nuestro piso de alquiler, el cubo de la basura, y, a un palmo, una pila de platos sin fregar. Rápido sí, pero casi nunca conducente a conversaciones civilizadas ni qué decir de modales en la mesa. En efecto, nos estábamos convirtiendo en trogloditas. Y a mí, comer en un entorno así, no me inspiraba nada ni a la hora de cocinar ni presentar la comida.

Me di cuenta de que para inspirarme tenía que hacerlo más divertido. Un poco más de esfuerzo, y todos disfrutaríamos más. Así que los días que puedo, que no son todos, Pon y yo nos ponemos manos a la obra antes de recoger a Pin del colegio. Llevamos todo en una bandeja al salón y ponemos la mesa. Según qué día, elegimos un mantel u otro, unos salvamanteles, unas servilletas de colores, unas velas o un CD de música que nos guste. Pon ya sabe dónde va todo y con un poco de suerte lo va colocando todo mientras ultimo los detalles de la comida. Ya me apetece hacerla y servirla de otra manera, porque sé que la vamos a disfrutar más, y a lo mejor en alguna ocasión hasta sirvo una ensalada o unos entrantes de una forma más interesante – no porque haya invitados, sino porque así comemos mejor y más a gusto.

Como por arte de magia, los niños ya no gritan en la mesa y ya no tiran los cubiertos al suelo porque tienen espacio para moverse. Hasta nos turnamos haciéndonos preguntas y hablando como seres civilizados.

Es un pequeño ejemplo de lo que puede cambiar en una casa una idea positiva o una iniciativa divertida.

¿Habéis mejorado alguna rutina familiar a través de la diversión?

  0