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28 de abril de 2011

No me gusta escribir entradas de consejos porque, al fin y al cabo, no soy Supernanny – ¡no soy nadie para dar consejos! Sin embargo, hace tiempo pedí que los lectores del blog me mandasen ideas o temas que les interesaban, y entre ellas había algunas preguntas.

Así que estas ideas son para tomar o dejar (como las lentejas), y si os sirven, genial; si no, encontraréis opiniones expertas a raudales en Internet.

“Qué hacer cuando no quieren comer, pero sí lo hacen con juguetes…”

Aquí van un par de pensamientos:
1. Seguro que ya lo hacéis, pero preguntaos primero si hay una buena razón por la que no comen. ¿Qué hábitos alimenticios habéis desarrollado en casa? ¿Se han atiborrado hace una hora y no les entra más? ¿No se encuentran bien a algún nivel? ¿Qué cantidades exigís que coman?
2. Hábitos. Prestad atención a los hábitos que estáis formando desde que son pequeños. Los hábitos tienen que ver tanto con lo que comen (el tipo de alimento) con la forma de comer.
a. Tipo de alimento: Por ejemplo, el preescolar evita ciertas comidas en pro de otras. Tenemos este problema con Pon, que le cuestan las verduras, pero sabemos que en parte es nuestro problema porque no hemos sido tan consecuentes con su alimentación.
b. Formas a la hora de comer: Por ejemplo, que desde bebés o muy pequeños se han acostumbrado a comer sólo con ciertos tipos de rituales: avioncitos y trenes que van hacia la boca, promesas de “si te lo comes todo, te comes un dulce después”, tipos de entretenimiento como contarle un cuento según come.

El primer tema, el tipo de alimento, es más serio porque tiene que ver con su nutrición. Hay libros geniales en el mercado sobre cómo equilibrar su dieta y cómo alimentarlos; a mí me han hablado bien de Mi niño no me come aunque todavía tengo pendiente leerlo. En PequeRecetas encontraréis un excelente resumen de 25 consejos del autor, el pediatra Carlos González.

¿Métodos? Con Pon estamos simplemente intentando ser más consecuentes. Que realmente haya más variedad y verdura en el plato. Darle algo de verdura en un primer plato (cuando tiene hambre) antes de la carne o las patatas o lo que tanta ilusión le haga. Espaciar las comidas para que tenga hambre a la hora de venir a la mesa. Limitar los dulces y las galletas. Y sí, ya sé que es polémico, pero alguna vez le servimos en la merienda las verduras que sabemos que tolera pero que ha evitado por capricho en la comida.

El segundo tema, el de las formas, tiene que ver con vuestro papel como padre o madre. Si queréis entretenerlos mientras comen, y os gusta hacerlo así, adelante (aunque pienso que el tema de la manipulación – en la que caigo también – ya es tema aparte, porque les estamos enseñando a hacer algo básico, como comer, por una recompensa…y comer deben comer porque su cuerpo se lo pide sin que les haga falta premio). Pero volviendo a los juegos o los juguetes, si os empezáis a hartar, si estáis tensos, si os parece una esclavitud, si nadie más puede darles de comer, entonces es cuestión de replantearse las comidas y cómo se las estáis dando. Y de la misma manera que se ha formado el hábito, poco a poco, día tras día, de que sois indispensables a la hora de comer, ir disminuyendo aquél hábito hasta que el preescolar coma por su cuenta.

Es decir, si sólo come cuando hacemos el juego del avioncito, en vez de darle de comer durante la comida entera con el avioncito, se lo hacemos un rato y luego le explicamos que ahora vamos a jugar a que el avioncito tiene que descansar o llenar el depósito de gasolina. Y no volvemos a hacer el avioncito. Día tras día, vamos disminuyendo la hora del avioncito, hasta que el avión ni aparece…porque el preescolar ya es feliz comiendo por su cuenta.

¿Habéis pensado en otro tipo de juego? Es el juego necesario de la autonomía y la independencia…¡a lo mejor es lo que ha estado deseando todo este tiempo – tocar la comida, mancharse, probar él mismo! Podemos comprarle unos cubiertos especiales de su tamaño, que aprenda a usarlos. Desde bebé, que tenga su cuchara especial, y que aunque al principio se dedique a tirar la comida por los suelos, poco a poco le vamos enseñando que el blanco ideal es la boca. Siempre es más trabajo, más desorden, que nuestros preescolares hagan las cosas por su cuenta, pero así se desarrollan como personas.

Si están demasiado acostumbrados a una trona, a lo mejor es hora que se sienten a la mesa “con los mayores”, que aprendan a poner la mesa aunque sean pequeñitos, y que se enorgullezcan de hacer las cosas por su cuenta.

Lo principal es que con respeto, con amor, creamos esos hábitos familiares para fomentar la armonía y a la vez su independencia.

¿Qué pensáis vosotros?

Foto: Cubiertos excavadora en Territoriomini.com

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08 de marzo de 2011

Conseguir que la gente tire más basura a la papelera.
Que elija subir escaleras a pie en vez de subir por las escaleras mecánicas.
Que cumpla con los límites de velocidad.
Que recicle botellas de vidrio.

Son algunos de los logros de thefuntheory.com, una iniciativa de Volkswagen desde 2009. Su “teoría de la diversión” consiste en hacer algo sencillo y divertido para mejorar el comportamiento humano.

Aquí tenéis un botón de muestra: Piano stairs – TheFunTheory.com – Rolighetsteorin.se

No lo consiguieron ni con dinero, ni educación, ni repetición, ni promesas…lo consiguieron con diversión.

Si la diversión convence a un adulto, ¿cuánto más a un preescolar?

Hazlo divertido.

Hace unos meses me pregunté por qué nuestras comidas eran rutinarias, aburridas y hasta estresantes. Y por qué cocinar me parecía un suplicio. Me empecé a dar cuenta de que si queríamos mejorar la hora de la comida, tenía que cambiar el decorado, el ambiente y hasta la ubicación de la comida.

Por urgencia más que por comodidad, estábamos comiendo siempre espachurrados alrededor de una mesa pequeña en una cocina mediana, rodeados de los azulejos anticuados de nuestro piso de alquiler, el cubo de la basura, y, a un palmo, una pila de platos sin fregar. Rápido sí, pero casi nunca conducente a conversaciones civilizadas ni qué decir de modales en la mesa. En efecto, nos estábamos convirtiendo en trogloditas. Y a mí, comer en un entorno así, no me inspiraba nada ni a la hora de cocinar ni presentar la comida.

Me di cuenta de que para inspirarme tenía que hacerlo más divertido. Un poco más de esfuerzo, y todos disfrutaríamos más. Así que los días que puedo, que no son todos, Pon y yo nos ponemos manos a la obra antes de recoger a Pin del colegio. Llevamos todo en una bandeja al salón y ponemos la mesa. Según qué día, elegimos un mantel u otro, unos salvamanteles, unas servilletas de colores, unas velas o un CD de música que nos guste. Pon ya sabe dónde va todo y con un poco de suerte lo va colocando todo mientras ultimo los detalles de la comida. Ya me apetece hacerla y servirla de otra manera, porque sé que la vamos a disfrutar más, y a lo mejor en alguna ocasión hasta sirvo una ensalada o unos entrantes de una forma más interesante – no porque haya invitados, sino porque así comemos mejor y más a gusto.

Como por arte de magia, los niños ya no gritan en la mesa y ya no tiran los cubiertos al suelo porque tienen espacio para moverse. Hasta nos turnamos haciéndonos preguntas y hablando como seres civilizados.

Es un pequeño ejemplo de lo que puede cambiar en una casa una idea positiva o una iniciativa divertida.

¿Habéis mejorado alguna rutina familiar a través de la diversión?

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