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08 de marzo de 2012

Ya son varias noches que To y yo nos miramos y suspiramos:

– Este barco se hunde.

Seguimos sacando cubitos de agua a todas horas, pero se hunde en circunstancias en las que todo converge y hace que la vida sea un esfuerzo inmenso, una saturación a todos los niveles.

Anoche no sólo se hundía el barco, sino que estallaron las fuentes de los abismos profundos de mis adentros, primero porque en medio de mi discurso existencial, To se quedó frito y empezó a roncar. (Esto lo puedo contar porque yo también me he quedado dormida durante algunos de sus monólogos más importantes. La diferencia es que los suyos los pronuncia cada cinco años y los míos se emiten por lo menos una vez al mes. Pero si me echa en cara que lo mío es más grave, siempre le recuerdo que se durmió durante mi primer parto.)

(Es lo que tiene hablar tumbados en la cama con la luz apagada…o esperar el parto ajeno tumbado en una cama. Vuelvo a tomar nota: no tumbarse en los momentos importantes de la vida.)

Y segundo porque mi discurso existencial englobaba demasiado para el tamaño de este corazón de mujer y madre – más o menos, el universo, que no me veo capaz de manejar pero que quisiera controlar por el bien de mi familia. ¿Por qué no ofrecen carreras en eso, la administración del universo?

Confieso que aunque pueda aderezar esta entrada con humor, en ese momento sentía que me tragaba un agujero negro de dicho universo. Miraba hacia atrás con preocupación y veía los errores que había cometido. Miraba el presente con desesperanza. Miraba hacia el futuro con temor.

Pero en lo oscuro del dormitorio, con los ronquidos ambientales de mi marido, me acordé de la letra de un himno antiguo que no había escuchado en años, un himno inspirado en el salmo 90. La letra mira hacia atrás con asombro y recuerda la ayuda de Dios. Mira el presente con seguridad, subrayando que Dios es refugio en la tormenta. Mira hacia el futuro con esperanza, reconociendo que Dios mismo es nuestro hogar.

Con esta letra, una mano tranquila se posó en mi hombro y apagó el grifo de ansiedad que me estaba corroyendo.

Cuanto más se complica la vida, más me doy cuenta de que no puedo ser madre sola. Ni mi inteligencia ni mi intuición son suficientes, ni siquiera la experiencia colectiva de otras madres o de la familia. El apoyo de mi marido es maravilloso, pero a él también se le escapa de las manos. Los expertos, los educadores, los médicos nos pueden hablar de su área de conocimiento. Pero nadie lo engloba todo. Nadie se ha sacado el máster del universo…ni del corazón humano. Él único que cubre mi pasado, presente y futuro de manera íntima, completa, global, universal es mi Creador, también el Creador de mis hijos. Y creedme, su amor supera el que de tanto hacemos alarde, el de madre, pues él mismo es la fuente de ese amor.

Puede que este barco zozobre, pero no va a ninguna parte sin él. Así que en esta noche dejo el cubo, y me voy a la cama arropada en lo que conozco del Dios del universo, que es más que capaz de mantenerlo todo a flote.

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08 de febrero de 2011

Desde hace unas semanas hay un intruso en la casa que nos hace la vida imposible.

Todo empezó con una bibliotecaria demasiado buena (que nadie le quite mérito). Cierto día soleado Pin visitó la biblioteca del barrio con su clase. Y la bibliotecaria les contó un par de cuentos. Pin me contó los dos, pero incidió en el segundo con los ojos redondos, redondos. Se trataba de un pollito muy pequeño, suave y amarillito que desgraciadamente se veía continuamente en peligro por el Gato Pelado, que cada vez que acechaba, decía, “¡Maramamiau!” Me dijo Pin que se había asustado, que no le había gustado el cuento; hablamos un rato, y no le di más importancia.

Esa noche se despertó chillando porque venía Gato Pelado. Logramos tranquilizarla pero se volvió a despertar tres veces con pesadillas.

Al susodicho lo busqué en Internet y me encontré con este gato siniestro. Más tuvo que impresionar si la que contaba el cuento tenía dotes dramáticas, que parece que así había sido.

El dichoso Gato Pelado siguió despertando a Pin durante cuatro noches sucesivas.

Pero la historia no termina allí, porque Pin también es muy buena bibliotecaria. Se le ocurrió contarle el cuento a su hermano con toda la intriga y dramatización y “maramamiaus” posibles, y Pon acabó como si hubiese visto al gato en sus propias carnes.

Ya os cuento que han pasado semanas desde aquello.

Durante la última semana y media no hemos dormido muy bien. Nos hemos tenido que levantar una media de dos veces por noche por accidentes en la cama, mocos que no dejan respirar, un vaso que hay que rellenar o cualquier tema relacionado a la salud de nuestros hijos. O no.

Noche sí, noche no, es porque nuestro amigo Gato Pelado sigue amenazando, ya sea a uno o a otro.

El otro día, ya hasta el moño de no dormir, le pillé por banda a Pin en la merienda.

–Pin, ¿sabes qué? Ya que no puedo ir yo al Caribe, le he dicho a Gato Pelado que haga las maletas y se vaya él a la playa, al Caribe. Y me ha dicho que muy bien, que tenía ganas de cambiar de aires. Así que me he despedido de él y se ha ido muy contento.
–Pero, Mamá, si me dijiste que no existía, que sólo era un cuento.
–Ya, pero como seguís hablando de él, éste es otro cuento que te cuento yo.
–¿Y ya no va a volver?
–No, dice que está en la gloria tomando el sol, que no le apetece volver en absoluto, y que además, se va a convertir en un gato bueno. Mira, lo dice en esta postal.

El caso es que empezamos a jugar a que mandábamos postales a Don Gato Pelado, y Pin le decía las cosas malas que había hecho, y él escribía de vuelta pidiendo perdón y ella le perdonaba. Tuve que acabar la sesión después de veinticinco postales porque mi imaginación ya no daba para más. Pin se quedó muy contenta, y yo más, porque pensaba que era la madre guay que había acabado con su pesadilla.

¡Ilusa! Las Supernannies no existen, tampoco las supermamis.

Hoy por la tarde. Hora de la siesta. Me encuentro a Pin en el sofá, la cabeza tapada con una manta y llorando a moco tendido. No hay manera de hacerla asomar.

–¡Tengo miedo!
–Pero ¿de qué? ¿Qué pasa?
–¡¡¡El gato!!!
–Que ya te he dicho que el Gato Pelado…
–¡Es que no es Gato Pelado…es otrooooo!

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