Archivos con la etiqueta: afirmación

29 de abril de 2013

Nina Levy es una madre entre otras que cada noche les prepara la merienda del día siguiente a sus hijos de cinco y nueve años. Con una pequeña diferencia, ya que es artista. Después se queda una hora o dos adicionales dibujando en la servilleta que también incluye con el menú.

Durante más de cinco años y medio, sus hijos han abierto sus meriendas en el colegio y se han encontrado con un mensaje de su madre combinado con perros superhéroes, Angry Birds, el Caballero Oscuro con un osito de peluche, zombis amistosos o Yoda, según la inspiración del momento. En un artículo que apareció en el New York Times, Levy calcula que a estas alturas son más de unas 2.000 servilletas.

Podéis ver las servilletas de Levy, escultora en Nueva York, en su blog.

Ahora confesadlo, ¿a que más de uno habéis dibujado en la servilleta de la merienda?

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23 de marzo de 2012

Cuando me quedé embarazada de nuestra primogénita, Pin, toda la familia lanzó confeti. Toda menos una persona, la que quería que nos lo tomáramos todo a conciencia (por nuestro bien). La abuela de To.

— ¿Sabéis lo que es un hijo?

— ¿Qué, Abuela?

— Un problema. ¿Y dos hijos? Dos problemas.

Ahora con la tercera, Pun, viendo cómo se le cae la baba a la bisabuela, no ha habido necesidad de darle un codazo y preguntarle si está contenta con los “tres problemas” que hemos traído al mundo.

“Un problema” es una de las muchas etiquetas que se les puede dar a nuestros hijos.

¿Os acordáis de las etiquetas que os han dado a lo largo de la vida? Seguro que os han venido a la mente en seguida por lo menos dos. A veces sólo hace falta que alguien las diga una sola vez para que queden marcadas como con hierro candente. Éstas son algunas de las mías:

“Mira cómo frunce el ceño. Parece una pequeña mofeta.” (No os riáis…“ahora que lo dices…”)

Qué mal vistes. ¿Por qué parecen bolsas todos tus vestidos?” (Y no, no me lo dijeron en el último embarazo sino en la adolescencia, en plena flor de la vida…)

Qué torpe eres; no eres nada agraciada.” (Ahora por fin sabéis por qué no me he fugado con el ballet ruso.)

Está claro que éstas son etiquetas negativas que procuramos evitar, pero también me pregunto sobre las etiquetas positivas que les damos / les dan a nuestros hijos.

¿Son todas las etiquetas positivas, positivas?

¿De qué sirve, por ejemplo, constantemente llamar la atención en cuanto al físico?

“Qué guapo eres.”

“Qué rubia eres y qué ojos tienes.”

Respondedme en los comentarios los que hayáis estudiado psicología. Como simple madre, intento reflexionar sobre cómo hacerle sentir guapa a mi hija mayor sin que sienta que tiene que ser perfecta. Quiero que se sienta aceptada, valiosa, sin más. Quiero enfatizar la belleza interior, a la vez que entiendo la importancia de la exterior.

O aquí tenemos otra manida etiqueta:

“Qué lista eres.”

Se han hecho estudios al respecto y dicen que es contraproducente alabar la inteligencia de nuestros hijos, que es mucho más valioso afirmar sus ganas de trabajar o su esfuerzo.

Conclusión inteligente y guapa: sopesemos nuestras palabras y utilicemos las etiquetas con pinzas.

¿Cómo afirmar a nuestros hijos o preescolares este fin de semana?

Podemos realizar un acróstico, escribir una palabra de afirmación por cada letra de sus nombres y compartir el resultado con ellos. Por ejemplo:

Noble

Amable

Divertida

Ingeniosa

Artística

Mucho mejor darles estas etiquetas y explicárselas que darles una camiseta que diga rebelde o diva, ¿no creéis?

O en mi caso, mofeta torpe y mal vestida. 😉

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