El mito de madre feliz igual a niños felices

Esta mañana estaba de lo más feliz.

Llevaba casi toda la semana con Pin y Pon en casa por sendas enfermedades y me había atrasado muchísimo con la vida en general. Para colmo, salimos de viaje este fin de semana, y tenía mucho que preparar.

Esta mañana, por primera vez en su corta vida, Pun decidió echarse una siesta larguísima. Y estando las cosas como estaban, yo no iba a despertarla. No, señor.

Así que despaché a Pin y Pon como pude y me puse a hacer de todo como un torbellino. Recogí toda la casa, vacié el lavavajillas, puse colada tras colada, hice la comida, empecé la maletas, hice una tabla de ejercicios (¡sí, yo!), me ¡¡¡duché!!! (llevaba tres días sin poder ducharme por las circunstancias). Perdí la cuenta de todo lo que hice.

Para quien vive otra serie de sensaciones a diario, esto es como una broma, pero para mí fue histórico ver el fregadero vacío. No estaba de compras ni con mis amigas ni en un spa ni en un rincón leyendo ni echándome la siesta ni comiendo un pastel de chocolate ni de vacaciones, pero os aseguro, estaba feliz de la vida.

Consideremos: madre feliz = niños felices.

¿Cómo estaban los niños esta mañana? ¿Más contentos que unas castañuelas?

Pues no. Al principio sí. Pero conforme recibían respuestas cada vez más cortas, más preguntas hacían. Cuanto más les sacaba rápidamente lo que necesitaban, más cosas me pedían. Cuanto más les ignoraba, más trastadas hacían para conseguir mi atención. Acabaron peleándose y llorando.

En esta ocasión: madre feliz = niños infelices.

Ayer, me tiré media mañana entre leerle a Pin que sufría de otitis y darle el pecho a Pun. Os aseguro que no me sentía feliz. Estaba en pijama, no me había duchado, había caos a mi alrededor. No por mis hijas, sino por lo desastroso de las circunstancias, hubiera preferido estar en cualquier lugar que allí mismo en el sofá con ellas.

Sin embargo, ¿estaban felices mis dos hijas? Ya lo creo, sin sombra de preocupación o de infelicidad.

En esta ocasión: madre infeliz = niños felices.

No es difícil llegar a la conclusión que la meta no es la felicidad en sí.

Mi meta, como madre, es el amor.

Si les hubiera amado un poco más esta mañana – si hubiera dejado tan sólo una de “mis” cosas sin hacer, y les hubiera prestado más atención cuando realmente la necesitaban – hubiera tenido niños seguros y, por ende, felices.

Porque ayer mostré amor a mis niñas a pesar de mis sentimientos, tuve niñas felices.

Y por eso, quiero que mi meta sea:

Madre que ama = niños que se saben amados

      

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6 Respuestas a El mito de madre feliz igual a niños felices

  1. Gaddy dice:

    Me encanta lo que escribes y cómo lo escribes. Soy mamá de dos niñas, de 5 y 1 año. Soy amiga de Triple y en alguna ocasión, no recuerdo si por recomendación o por el blog de Triple fue que llegue a leerte. Hoy, nuevamente llegue aquí por la liga de facebook y me sacaste una sonrisa, me identifiqué contigo y pensé: “fiuuuu, no soy la única”.
    Saludos 😉

  2. Sirius B dice:

    Una de las cosas que me enseñó en la carrera de Educación Primaria uno de los mejores profesores que tuve, un apasionado de la teoría de la evolución cognitiva de los chavales, es que los niños lo que ansían sobre todas las cosas es pasar tiempo de calidad con sus padres; cuanto más mejor, pero aún siendo poco, que cuando estés con ellos o te dirijas a ellos los 5 o 100 minutos sean de calidad, que dispongan de toda tu atención… supongo que a la hora de la verdad es muy diferente…

    • Nova dice:

      Creo que es una observación muy sabia. Sé que las cosas van mucho mejor, aún a lo largo de una mañana estresante, cuando les presto atención exclusiva y auténtica, aunque sea por un tiempo breve de vez en cuando. Por otro lado, creo que muchos padres nos confiamos demasiado con lo de “aunque sea poco tiempo, lo que importa es la calidad”, para calmar nuestras conciencias… Nos ha venido demasiado bien esta observación. No olvidemos la segund parte, como bien dijo tu profesor, “cuanto más, mejor”. (subrayando el “más”)

 

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