Descumpleaños feliz, tarde feliz, mamá feliz

Cómo nos complicamos la vida, cuando, para un niño, la felicidad está a un paso.

Se acercó Pin la otra tarde y me preguntó: —Mamá, ¿le hacemos una fiesta a Hipo?

Hipo adorado. Hipopótamo amorfo rosa, el inseparable aliado de mi hija de tres años.

—¿Por qué no? —le dije—. Cuando se levante Pon de la siesta y merendemos, hacemos una fiesta.

..Si los descumpleaños se celebran en el País de las Maravillas, ¿por qué no en nuestra casa?

Y así hicimos la fiesta: Pin coloreó unas cartulinas y yo las recorté y pegué para hacer cucuruchos a modo de sombrero – para nosotros tres, para Hipo y para otra muñeca afortunada que se llama Dorothy. Hicimos unas servilletas especiales dibujando con rotulador en papel de cocina. Inflamos tres globos. Pusimos mini sándwiches y fruta en un plato en la mesa, zumo en vasos con pajitas de colores, y una velita en una magdalena. Cuando se despertó Pon, nos sentamos alrededor de la mesa – muñecos incluidos, por supuesto – y cantamos “Cumpleaños feliz”. Pin apagó la vela y después de los aplausos, nos zampamos la merienda, más contentos que nunca. Después de tres años de prueba en la familia, Hipo por fin se ha ganado el derecho de cumplir un año.

Gasto: Como mucho, un euro y medio. Echamos mano de todo lo que había en casa.
Tiempo de preparación: 10 minutos
Duración de actividad: 15 minutos
Duración de felicidad: Toda la tarde o incluso más (veremos si a partir de ahora me toca preparar descumpleaños todos los días)

      

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