Cuando el barco se hunde

Ya son varias noches que To y yo nos miramos y suspiramos:

– Este barco se hunde.

Seguimos sacando cubitos de agua a todas horas, pero se hunde en circunstancias en las que todo converge y hace que la vida sea un esfuerzo inmenso, una saturación a todos los niveles.

Anoche no sólo se hundía el barco, sino que estallaron las fuentes de los abismos profundos de mis adentros, primero porque en medio de mi discurso existencial, To se quedó frito y empezó a roncar. (Esto lo puedo contar porque yo también me he quedado dormida durante algunos de sus monólogos más importantes. La diferencia es que los suyos los pronuncia cada cinco años y los míos se emiten por lo menos una vez al mes. Pero si me echa en cara que lo mío es más grave, siempre le recuerdo que se durmió durante mi primer parto.)

(Es lo que tiene hablar tumbados en la cama con la luz apagada…o esperar el parto ajeno tumbado en una cama. Vuelvo a tomar nota: no tumbarse en los momentos importantes de la vida.)

Y segundo porque mi discurso existencial englobaba demasiado para el tamaño de este corazón de mujer y madre – más o menos, el universo, que no me veo capaz de manejar pero que quisiera controlar por el bien de mi familia. ¿Por qué no ofrecen carreras en eso, la administración del universo?

Confieso que aunque pueda aderezar esta entrada con humor, en ese momento sentía que me tragaba un agujero negro de dicho universo. Miraba hacia atrás con preocupación y veía los errores que había cometido. Miraba el presente con desesperanza. Miraba hacia el futuro con temor.

Pero en lo oscuro del dormitorio, con los ronquidos ambientales de mi marido, me acordé de la letra de un himno antiguo que no había escuchado en años, un himno inspirado en el salmo 90. La letra mira hacia atrás con asombro y recuerda la ayuda de Dios. Mira el presente con seguridad, subrayando que Dios es refugio en la tormenta. Mira hacia el futuro con esperanza, reconociendo que Dios mismo es nuestro hogar.

Con esta letra, una mano tranquila se posó en mi hombro y apagó el grifo de ansiedad que me estaba corroyendo.

Cuanto más se complica la vida, más me doy cuenta de que no puedo ser madre sola. Ni mi inteligencia ni mi intuición son suficientes, ni siquiera la experiencia colectiva de otras madres o de la familia. El apoyo de mi marido es maravilloso, pero a él también se le escapa de las manos. Los expertos, los educadores, los médicos nos pueden hablar de su área de conocimiento. Pero nadie lo engloba todo. Nadie se ha sacado el máster del universo…ni del corazón humano. Él único que cubre mi pasado, presente y futuro de manera íntima, completa, global, universal es mi Creador, también el Creador de mis hijos. Y creedme, su amor supera el que de tanto hacemos alarde, el de madre, pues él mismo es la fuente de ese amor.

Puede que este barco zozobre, pero no va a ninguna parte sin él. Así que en esta noche dejo el cubo, y me voy a la cama arropada en lo que conozco del Dios del universo, que es más que capaz de mantenerlo todo a flote.

      

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6 Respuestas a Cuando el barco se hunde

  1. carmen dice:

    Y nunca lo olvides, puedes tener paz en la tormenta, y todas las tormentas pasan y nos hacen mejores en todo.

  2. Triple dice:

    Y aún si el barco se hundiera, sabes que tu salvavidas sabe caminar sobre el agua.

  3. Eva dice:

    Estoy leyendo un libro titulado: “Diseño exclusivo” (de Ruth Conard), la siguiente frase la subrayé para mí y la comparto contigo: “Hoy él (tu Creador) tiene tus deseos, tu vida y tu futuro en sus amorosas manos con el más profundo respeto por ti, su preciosa hija, muy especial para Él. Confía en Él. Búscale. Acepta sus tiempos. Avanza con Él.”

    Nota: Si te fijas bien hay otros barcos cerca del tuyo… uno de ellos es el mío… a mí reconocerás porque tengo un cubo color “verde”… que según dicen es el color de la esperanza… :-)

  4. Nova dice:

    Gracias a las tres por palabras de consolación con sentido: las tormentas nos hacen mejores, caminar sobre el agua, acepta sus tiempos, y levanta la vista para ver otros barcos. Un beso enorme.

  5. alr dice:

    Querida Nova:
    Desde mi propia experiencia solo puedo decirte que la vida son etapas. Pasamos por algunas donde parecen eternas, y parece que los niños no crecen y que una va a estar toda la vida cambiando pañales. Sobre todo los comienzos cuando los niños son pequeños parece que no hay tiempo para nada, no solo para nosotros , tampoco para el ocio, el romanticismo, ni para un montón de cosas mas, pero eso pasa y después con los años hasta nos parece que pasaron muy deprisa.
    Qué bien has descrito lo que Dios es el que “sostenta el barco en momentos de tormenta” .
    Verdaderamente esta es mi historia. Siempre he pensado que lo mas dificil que he hecho es mi vida es ser madre y esposa. Pero también lo mas gratificante y lo mas hermoso.
    Ahí donde no sabía o no podía, es donde tuve que pedir ayuda al que “sotenta el barco en momentos de tormenta” El ha sido nuestro socorro en multitud de tormentas.
    Gracias por tu estupendo blog y tus experiencias.

 

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